Ahora compiten en Euroliga, pero hace unos años estuvieron compitiendo...
Leer más
En la Costa Dorada Vóley Cup damos la bienvenida a Saelia Crespo, jugadora y capitana del Vóley Astillero y creadora de contenido sobre voleibol. Criada en una familia muy vinculada a este deporte, Saelia comparte en redes su día a día entre entrenamientos y partidos, acercando el vóley a miles de personas.
Con motivo de su incorporación a nuestro torneo, hablamos con ella de sus comienzos, de su experiencia dentro y fuera de la pista y de lo que supone compartir unos días de voleibol con jugadores y jugadoras que están empezando:
No tengo un primer recuerdo del voleibol como tal, porque literalmente aprendí a andar en un pabellón. Durante mi adolescencia tuve la oportunidad de probar otros deportes, hasta que llegó un momento en el que tuve que elegir y escogí el voleibol. Siempre ha sido mi sitio, mi lugar seguro, y al final no conozco otra vida. El voleibol ha estado presente desde que tengo uso de razón y, aunque haya podido probar otras cosas, nunca he sentido que perteneciera a otro lugar de la misma manera.
Creo que soy un buen ejemplo de lo que significa sentir de verdad los colores de un club. Al final, es el club de mis padres y mis sentimientos hacia él van mucho más allá de lo deportivo. Me importan muchísimo las victorias, pero también me duelen especialmente las derrotas, porque sé todo lo que hay detrás para conseguir cada objetivo.
Nos ha costado muchísimo llegar hasta donde estamos y puedo decir con orgullo que nadie nos ha regalado nada. Hemos ascendido año tras año desde la categoría más baja hasta llegar a Superliga 2, siempre defendiendo los mismos colores y luchando por el mismo proyecto.
Ser capitana significa representar todo eso: el esfuerzo, la constancia, la historia del club y a todas las personas que han trabajado para que hoy estemos donde estamos. Para mí, es un orgullo enorme.
Creo que mucha gente piensa que practicar un deporte consiste simplemente en jugar un partido, pero pocas veces se ve todo lo que hay detrás. A mí, el voleibol me ha enseñado valores como el respeto, la disciplina, la constancia y el compañerismo. También me ha regalado amistades y me ha ayudado a crecer como persona. Por supuesto, también ha sacado a veces lo peor de mí, pero incluso de eso he aprendido.
Con mis redes quiero enseñar una vida real, no solo la parte bonita del deporte. Quiero que la gente vea que tengo días buenísimos y otros malísimos, que también me equivoco, me frustro y pierdo, pero que, aun así, sigo adelante.
Porque creo que rendirse después de una derrota es perder también la oportunidad de aprender de ella. Quiero transmitir que hay que luchar por lo que te gusta, trabajar por tus objetivos y seguir al pie del cañón incluso cuando las cosas no salen como esperabas.
Creo que el momento que estamos viviendo esta temporada es un buen ejemplo. En las últimas cuatro jornadas no hemos conseguido ganar ningún partido, a pesar de haber tenido opciones de competir y llevarnos la victoria en casi todos. Situaciones así te enseñan que la cabeza también hay que entrenarla.
Perder no significa que seas peor jugador, igual que ganar no significa que tengas todo aprendido. Nadie nace sabiendo, y muchas veces de las derrotas se aprende incluso más que de las victorias: analizas tus errores, intentas corregirlos, vuelves a intentarlo y sigues mejorando hasta que el esfuerzo empieza a dar sus frutos.
Un mal entrenamiento, un mal partido o incluso una mala temporada no definen el jugador que eres. Lo que realmente importa es cómo reaccionas ante las dificultades y las ganas con las que vuelves a intentarlo.
En el voleibol hay que dar el cien por cien en cada pelota, aunque a veces sientas que necesitas dar el doscientos por cien. Con constancia, trabajo y una buena actitud, las cosas acaban llegando. Y, mientras tanto, también hay que aprender a confiar en una misma y en el equipo.
Creo que son de las mejores experiencias que puedes vivir dentro del voleibol. Conoces a gente de otros lugares, a otros equipos, otras personalidades y otras formas de jugar. Aunque seas muy joven, vivir algo así hace que tu perspectiva cambie y que descubras que el voleibol es mucho más amplio de lo que conocías hasta ese momento.
Yo echo muchísimo de menos los torneos de categorías inferiores y pagaría por volver a vivirlos. Además de jugar al deporte que más te gusta y aprender dentro de la pista, compartes actividades, experiencias y momentos con personas que, muchas veces sin esperarlo, terminan convirtiéndose en amistades para toda la vida.
Al final, los resultados se olvidan antes de lo que pensamos, pero las experiencias que vivimos, las personas que conocemos y los recuerdos que nos llevamos se quedan con nosotros durante muchísimo tiempo.
A quienes todavía se lo están pensando, les diría que ¡no hay nada que pensar! Es una experiencia increíble. Vais a tener la oportunidad de aprender muchísimo voleibol en muy pocos días, conocer a un montón de gente nueva y vivir experiencias que seguramente recordaréis durante muchos años.
Y a quienes ya tienen su plaza, les diría que aprovechen cada entrenamiento, cada partido y cada momento fuera de la pista. Que disfruten, que hagan amigos, que aprendan de sus errores y que expriman la experiencia al máximo, porque estos torneos son mucho más que jugar al voleibol. Son recuerdos que se quedan contigo para siempre.
Ahora compiten en Euroliga, pero hace unos años estuvieron compitiendo...
Leer másDos meses para que comience la I edición de la...
Leer más