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Check-in después de los truenos

El sonido de martillo de Thor marca el camino. Hacia el Este, los truenos retumban en el frente del litoral. La tormenta mediterránea dura poco, lo suficiente para refrescar la tierra seca y dar la bienvenida a los 230 equipos que ayer se desplazaron hasta Castellón. Kilómetros de autopista, paradas en restaurantes de carretera, bocadillo y música. La fiesta comenzó al despedirse de los suyos, aquellos que no pueden viajar. Otros iban por detrás del autobús siguiendo la estela de sus hijos. La Marina d'Or Básket Cup comenzó a calentarse con la llegada de los más de 2.600 participantes y la recepción de todos ellos en los diferentes alojamientos de la Ciudad de Vacaciones.

Las chicas del Montserrat esperan fuera. Son las primeras. El reloj marca poco más de las 16:00 de la tarde. "Somos de Valencia. Está al lado. Pero hemos salido pronto", anuncia una de las cadetes. En el ánimo se percibe que querían llegar lo antes posible. Son sus vacaciones de básket y quieren apurar cada minuto. Al enterarse del reto de baile 'The Floss -- Swiss Swiss' que ha lanzado la organización de MHL Sports empiezan a pergeñar cómo montarán la coreografía. "Chicas, nos dicen que no hay habitaciones, tendremos que volver a dormir a Valencia". La broma de su entrenador no cuela. Son más listas que el hambre. Una entra deprisa a preguntar a los responsables del check-in. "Pero si os acaban de dar las llaves", censuran a su preparados ante la risa maliciosa de este.

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Palencia, Aranda de Duero, Almazán, Teruel... Etapa a etapa el microbus del CB Villamuriel ha ido quemando asfalto. Eran la expedición más alejada del punto de destino. 446 kilómetros hechos entre risas y canciones. "Mucho reggaeton y poco rock'n'roll", se queja una de las chicas.  Los entrenadores bajan para tomar las llaves de todos los apartamentos que les han tocado a los dos equipos, uno infantil y otro cadete femenino. Las dos decenas de muchachas bajan para hacerse una foto conjunta en el Palacio d'Or. El chófer no quiere perdérsela. Hay ganas de básket y de diversión. "Nos han dicho que el torneo está genial", dice Sara García como portavoza del grupo.

El equipo balear de Andratx ha tenido que viajar en barco. "De Palma a Valencia y luego tomamos un bus", narra Laura, la coordinadora del viaje. En total son 80 personas procedente de las Baleares. "46 jugadores y cinco entrenadores para cinco entrenadores y un grupo de unos 30 padres. Ellos han traído sus coches", comunica la entrenadora. El resto de equipos llega por carretera. La organización ha facilitado once autobuses que vienen desde Zaragoza y cuatro desde Madrid. Aquellos que proceden de la capital son los que más tarde llegarán. Hasta la medianoche se espera recibir al último de los equipos. El atasco de la A3 es el habitual en las operaciones salida. Los dos comedores que buffet libre que asisten a todos los inscritos están abiertos hasta la medianoche. Si algún autobús llegara más tarde la organización mantiene a una persona para disponerles de cena antes de irse a descansar. Los primeros partidos del sábado arrancarán a las 9:00 de la mañana. 

El tiempo avanza y el goteo de equipos es incesante.  La lluvia desaparece, pero deja su rastro en el ambiente. Cada delegación que llega a la oficina central de la organización, situada junto al Hotel Gran Duque, es recibida con una carpeta con toda la información necesaria para no perderse ni un detalle. Los horarios de todos los partidos, el tiempo de salida de los autobuses a cada pabellón, las paradas y horarios de los trenes internos dentro de Marina d'Or, la promoción de Basket World, los concursos de baile y de aficionados, las galas, las normas de buena convivencia dentro de los hoteles... Nadie se puede ir sin saber todo lo que le espera en estos cuatro días.

Sotillo, ¡presente!

Las chicas de Sotillo son unas veteranas con galones en los Torneos MHL Sports. Empezaron yendo al Torneo del Básket Lupus como preinfantiles y el año pasado ya se colaron en la Marina d'Or Básket Cup. Este año repiten como cadetes de primer año. "Pero venimos más preparadas. Yo me he traído un maletón", insiste Carmen. La experiencia pasada hace que ya sepan lo que quieren. Empiezan a enumerar: "Ir a la playa, a la disco, a la piscina, al parque de atracciones...". El año pasado les atropelló tanta novedad y un entrenador algo despistado, pero en esta ocasión no se les va a escapar ni una gota de diversión. "Y venimos con fuerzas para ganar todos los partidos".

¡Gooooooooooooooooooooooool! El canto interrumpe la conversación. A la cola del bus se agolpan los 'cebezeteros'. Hinchas del Zaragoza. Marca Toquero en Reus y salta la euforia. El himno del Real Zaragoza colapsa el aire que se revuelve cuando, delante, los de Logrobásket entonan otro cántico local. El pique es divertido y de buen rollo. Comienza la convivencia entre equipos, otro de los puntos fuertes de una competición donde el deporte se adhiere a la diversión y a las ganas de conocer a gente. Desde el primer minuto. Incluso antes de bajar del autobús.

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