Confirmado: Habrá Olibásket en 2020

Es mejor darse un tiempo para dar una valoración desde la reflexión fría. Escuchar todas las opiniones, tomar nota de los múltiples puntos de vista, obviamente, apuntar las quejas y las peticiones de mejora y señalar los agradecimientos y puntales que se marcan de la organización. Una semana después de la finalización del Olibasket, la mejor forma de cerrar la temporada, desde MHL Sport y El Olivar queremos completar el análisis y dar, creemos, la mejor de las noticias: habrá Olibásket en 2020.

“Hemos hablado ya con MHL Sports para trabajar para el torneo del año que viene. Si con el HMY llevamos trece años, esperamos que con este alcancemos los mismos”. Lo confirma Enrique Navarro, delegado general de Deportes de El Olivar. El rotundo éxito de la celebración de la tercera edición, que reunió a más de 1.200 jugadores procedentes de toda España, da pie a mantener la apuesta por un torneo que se afianza y toma ventaja como la verdadera fiesta de despedida para muchas asociaciones de baloncesto.

Dos días de actividad frenética. Con más de 150 partidos entre las categorías benjamines hasta la júnior, todo el espectro de la formación. Mientras que el Torneo Internacional HMY cadete es la joya de la corona, con la presencia de clubes europeos y americanos y de entidades de la Liga Endesa y la Liga Femenina, el Olibasket es el mejor territorio para un nivel en segundo plano competitivo, pero no por ellos menos importante tanto para MHL Sports y para El Olivar. “Si partimos de la filosofía que impartimos desde El Olivar, que nuestra política es basarnos en el deporte base, el Olibásket es una imagen perfecta de lo que el club quiere hacer con el deporte en general”, indica Enrique Navarro, cerciorando la importancia de esta competición en la entidad del barrio de Miralbueno.

La cohesión entre MHL Sports y Olivar alcanza una alta cota de compenetración. El amor por la formación y la obligación de generar un entorno de diversión tanto para los menores como para las familias, donde el componente deportivo se adose a una magnífica oferta de ocio, hace que el Olibásket sea un producto ideal para aquellos equipos que busquen pasarlo muy bien y jugar buenos partidos. Las instalaciones de El Olivar son un escenario sobresaliente para redondear la fórmula del éxito. “El ser un club privado podría suponer que, al haber tanto aforo extra, el socio se sintiera molesto, pero es todo el contrario. Se muestra como un orgullo el hecho de ver que la gente de fuera valora tanto el club y más viendo cómo se lo pasan los pequeños que vienen a nuestras instalaciones”, enfoca Enrique Navarro.

El trabajo de organización que supone tener a punto trece canchas, coordinar todos los desplazamientos y comidas, solucionar los imprevistos, tener en cuenta cada uno de los detalles… horas y horas de trabajo que son pocas en comparación con la satisfación de miles de menores jugando al baloncesto con una sonrisa. “Desde el Torneo HMY que se hace en Semana Santa enlazamos en con el Olibásket de junio. Es un trabajo desde la organización y desde la sección de baloncesto que no se puede valorar. Es superior. Es una aportación desde el club a la capitalidad de Zaragoza como ciudad de baloncesto”, indica Enrique Navarro, contento con el resultado de ambos torneos. Y dispuestos a repetir.

La difusión que hacen los participantes de El Olivar es un valor añadido que no se puede ocultar. Vivir desde dentro la oferta de una entidad de cinco estrellas y darlo a conocer, en Zaragoza y fuera de Aragón, es una publicidad sobresaliente. “Tanto a gente que viene de fuera, como los propios zaragozanos se quedan asombrados por la magnitud tanto del HMY como el Olibásket por la importancia del torneo como de las instalaciones”, concluye Enrique Navarro. Por eso en 2020 habrá más Olibásket. Más y mejor. Lo aseguramos.

 

CB Jaca, por el buen camino

Cantaba ‘Más Birras’ eso de que ‘Arriba en las montañas, lo encontrarás’. No le faltaba razón al bueno de Mauricio Aznar. Allí, bajo la sombra de la cruz del Oroel, donde el valle del Aragón se estrecha para agacharse ante la mole de Collarada, encontrarás también una cancha de baloncesto y unos niños disfrutando detrás de una pelota naranja. Naranja, como el color de la camiseta del CB Jaca, una entidad que ya ha hecho tradición eso de bajar del Pirineo a Zaragoza para competir en el Olibásket. No han faltado a ninguna de las tres ediciones de este torneo que aglutina un buen nivel competitivo, una magnífica experiencia para afianzar la estructura de estas asociaciones y un valor personal para los niños y niñas que realizan el viaje.

Seis equipos del club altoaragonés han jugado en Olibásket. Casi la mitad de los trece que en la actualidad conforman una de las entidades que mayor crecimiento están teniendo en la comunidad aragonesa y que, en apenas una década de vida, han colocado el baloncesto como uno de los deportes de referencias en la capital del Pirineo.

Los conjuntos de formación del CB Jaca juegan habitualmente las competiciones del circuito oscense. Desde benjamines a junior deben desplazarse a Graus, L’Ainsa, Monzón, Barbastro, Binaced, Benasque, Sabiñánigo o la propia Huesca para jugar sus partidos. Siempre con los mismos cuadros, año tras año. Por lo tanto, hay pocas sorpresas y novedades temporada tras temporada. Así que poder salir de este círculo, con torneos como este, ayuda a motivar a las plantillas y a comprobar si se ha elevado el listón de juego gracias a los entrenamientos y al trabajo de toda la temporada. “El primer año fue un salto muy importante para nosotros. Ahora vemos que hay más equipos, pero no ha bajado por ello el nivel organizativo, que es excelente en los hoteles, los desplazamientos… en todos los detalles. Es el torneo perfecto para nosotros”, afirma Carlos Iralde, presidente y entrenador del CB Jaca.

Esta temporada los ‘naranjas’ han conseguido el título en la Copa júnior y en la categoría alevín masculina dentro del Circuito Paco Corrales, pero además han logrado dos subcampeonatos femeninos, en infantil y en cadete, un logro que realmente ilusiona en un club que quiere potenciar la práctica del baloncesto femenino.

Pero el triunfo del CB Jaca no se puede resaltar únicamente en componentes competitivos. El aumento de las fichas, las actividades paralelas, la suma de patrocinadores, la visualización dentro de la sociedad jaquesa, la formación tanto de los menores como de los entrenadores… un listado de tareas que va incrementándose como el volumen de equipos. Acudir a competiciones como Olibasket entra dentro de esta estrategia de mejora. “Hemos visto desde que vinimos la primera vez, que perdíamos ampliamente, que ahora siempre competimos. Podemos ganar algún partido o perder, pero siempre damos un buen nivel competitivo. Se van notando los avances”, admite Carlos Iralde.

La cercanía con Zaragoza, a una hora y media de camino, ayuda para inscribirse en alguna competición federada, donde la exigencia se eleva, aunque es un paso que hay que dar con sapiencia, para no quemar a los grupos y a las familias, por las distancias de los desplazamientos y la realidad deportiva. Jugar un torneo amistoso como Olibasket sirve para romper esa barrera y confirmar que sí se puede seguir avanzando. “Lo mejor para nosotros es poder generar esa convivencia dentro de los equipos de nuestro club y también con otros clubes. Es un cierre perfecto de temporada que se acopla a nuestro modelo de club. Y las instalaciones de El Olivar son magníficas”, concluye Carlos Iralde.

Olibásket, una película con final feliz

El Olibasket puso ayer punto y final a la temporada de baloncesto de formación con una fiesta de diversión y alegría. Los más de 1.000 participaron se dejaron todo su empeño en los últimos partidos y, especialmente, en la disputa de las finales. La entrega de premios, donde cada uno de los asistentes de minibásket recibió su medalla, fue el preámbulo de un regreso a casa con las maletas llenas de experiencias y buenos recuerdos.

Las caras de esfuerzo se mezclaban con enormes sonrisas. Es la combinación que mejor resume qué es Olibasket. Ganar o perder era lo de menos, aunque los campeones disfrutaron como verdaderos héroes de sus trofeos.  José Luis Josa, presidente de El Olivar, Enrique Navarro, delegado general de Deportes de El Olivar, y Chicho Lucas, coordinador de la sección de baloncesto, fueron los encargados de repartir los premios. Muchos se quedaron en casa, dado que el buen nivel de los equipos anfitriones acaparó la victoria en cuatro categorías, desde los enanos y enanas de benjamín hasta los más mayores del júnior.

Los títulos estuvieron muy repartidos. Marianistas, Cuarte de Huerva, Logrobásket, CD Promete, Hondarribia, CB Jaca, Romareda, Arenas de Tudela, Salvador, CB Zaragoza y Reino de Aragón se alzaron con alguno de los tesoros puestos en liza. Equipos procedentes de Cataluña, Madrid, La Rioja, Navarra, País Vasco, Valencia, además de Aragón, con dos equipos de Huesca (CB Jaca y Peñas) han estado presentes en la tercera edición.

La organización además quiso tener un recuerdo con dos jugadoras que no pudieron completar la competición por diversos problemas físicos. La jaquesa Jara Tabueña y la tudelana Sofía Martín recibieron un detalle por parte de MHL Sports.

Por las instalaciones de El Olivar se volvieron a ver caras conocidas. Repitió Reynaldo Benito, presidente del Tecnyconta, apurando las horas viendo jugar a su hija María antes de desplazarse a Barcelona para seguir la semifinal de la Liga Endesa.  También visitó el Olibásket Matías Lescano, mito del ‘caísmo’ y ahora entrenador en el CB Cuarte de Huerva. “Ver a tantos niños y niñas jugando me llena. A mi me sirve para seguir aprendiendo en esta nueva labor como entrenador. Es algo nuevo para mí y es una experiencia muy bonita”, explico ‘El Bicho’.

 

RISAS Y MUCHAS GANAS DE REPETIR

No se quieren ir sin enseñar su coreografía. La tienen bien ensayada. Solo hay un problema. Se mueren de risa cada vez que la hacen. Pero ellas insisten. Es su rollo. Las preinfantiles de Mutilbasket van dejando huella allá por donde van. Y no paran de ir de un sitio a otro. Del hotel al pabellón de juego, luego a la piscina, a echar una siesta en la sombra, a ver jugar a algún amigo. “Del torneo me lo llevaría todo a casa”, dice Anne con una sonrisa completa.

El Olibasket es completito. No sólo hay baloncesto. Las instalaciones de El Olivar permiten ir cubriendo los tiempos entre partido y partido con distintas actividades de ocio. La piscina es la reina de la fiesta. En el césped se esparcen todos los equipos. Es el momento de interactuar, de conocer a chicos y chicas de otras partes de España que comparten la misma pasión por el baloncesto.

Los padres de Coslada no paran de animar. Hacen el pasillo de campeones a sus nenes. Han perdido el partido ante El Olivar, pero siguen siendo eso, unos campeones. Como sus familiares, que no han dejado de animar, con megafonía incluida, y aplaudido a los dos equipos y los buenos gestos de deportividad. Igual que el grupo alevín, de primer año, que ha tenido una participación muy meritoria. “Nos lo hemos pasado muy bien. Somos de primer año. Los de Logrobasket son muy buenos”, insiste Iker Alcázar.

Con las maletas circulan las chicas del Bera Bera de San Sebastián. Trenzas perfectas para que el pelo no se rebele en mitad de una jugada. Comodidad y eficacia. Se les nota cansadas. La noche se debió alargar, porque hay que aprovechar cada minuto del torneo. Aunque al entrar en el calentamiento despliegan toda su energía. Es el último partido de la temporada y quieren saborearlo hasta el último sorbo. “Lo mejor del torneo es la combinación entre partidos y piscina. Jugar, bañarse y tomar el sol”, declara Nuria, mientras el resto de grupo confirma su opinión.

Por ahí vuelven a pasar las infantiles del Multibásket. Su actividad es infinita. Van contando anécdotas, como la compañera que se hizo pasar por sonámbula. “No nos vamos a olvidar las gracias de ésta por la noche”, señala Andrea, la caminante nocturna. “Oye, y que hemos mejorado bastante. Se nota eso de jugar con equipos de otros sitios. Mola”, continúa Zuberoa.  

La mañana va avanzando con las finales y el resto de los partidos. Nadie deja de entrar a una de las trece canchas. Más de 1.200 participantes. 104 equipos. Dimensiones que hacen del Olibasket uno de las competiciones de final de temporada de referencias.  

La entrega de medallas pone el punto y final a una competición de un día y medía de trepidante actividad. Las expediciones de fuera de Zaragoza toman los autobuses de vuelta y miles de recuerdos y experiencias. El camino de regreso a casa serán los créditos de la película de la temporada, un largometraje con final feliz gracias a Olibasket. Habrá que repetir dentro de doce meses. De eso no hay duda.

Campeones por categoría

Benjamín masculino: El Olivar

Benjamín femenino: CD Romareda

Alevín masculino Oro: El Olivar

Alevín masculino Plata: CB Zaragoza

Alevín femenino Oro: Cuarte de Huerva

Alevín femenino Plata: Arenas de Tudela

Preinfantil masculino Oro: Logrobásket.

Preinfantil masculino Plata: CB Jaca

Preinfantil femenino Oro: Cuarte de Huerva

Preinfantil femenino Plata: Marianistas

Infantil masculino: El Olivar

Infantil femenino Oro: El Salvador

Infantil femenino Plata: Campus Promete

Cadete masculino: El Olivar

Cadete femenino Oro: Reino de Aragón A

Cadete femenino Plata: Reino de Aragón B

Junior masculino: Logrobásket

Junior femenino: Hondarribia

La fiesta del Olibasket

Para que un evento pueda denominarse fiesta es innegociable pasarlo bien. Otra cosa es mentirse. Viendo las caras de los más de 1.200 jugadores que hoy sorbieron hasta el último segundo de baloncesto y diversión en la apertura del III Olibásket, nadie puede negar que este torneo sí es una verdadera celebración del final de una larga temporada. Llegados desde distintos puntos de la geografía española, más de 100 equipos, completaron la primera de las dos jornadas de esta competición que cerrará el curso en El Olivar.

La disputa de las finales y la entrega de los trofeos (15:00 horas) pondrá mañana punto definitivo al Olibásket. El buen rendimiento de las plantillas del club anfitrión destacó en lo deportivo, copando la mayoría de huecos de los encuentros por los mejores torneos. No obstante, la nota general y más destacada fue el ambientazo que se vivió tanto en las gradas, como en las canchas y en las instalaciones de ocio de complejo deportivo de Miralbueno.

El buen tiempo reinante, el solazo, acompañó un día lleno de emociones. Algunas de las expediciones, llenadas desde Catalunya, Comunidad Valenciana, La Rioja, Navarra, País Vasco y Madrid, llegaron a Zaragoza a primera hora, mientras otras ya habían pernoctado en la ciudad. “Este año ha hecho mejor tiempo. Nosotros hemos venido desde el primer año. Es una gozada”, asiente José Luís Aso, coordinador del CB Jaca, que ha bajado del Pirineo con seis equipos. Habituados a disputar la provincial oscense, el Olibasket es una oportunidad para enfrentarse a equipos de otras latitudes, medir su nivel y ampliar los horizontes y las vivencias de los chavales.

‘A la piscina, a la piscina’. Un coro de renacuajos pedía agua a gritos. El desfile salía de un vestuario e iba directo a la pileta. Daba igual el resultado. No hay que caminar más de cien metros para encontrar un oasis. En la mochila, además de la equipación de juego y un par de zapas había que añadir un bañador y una toalla. El quinto cuarto se jugaba allí, entre chapuzones, partidas de cartas, bromas y camaradería con otros chicos y chicas. “Tenéis cuatro minutos para cambiaros e ir al partido”, ordena Edurne, la entrenadora del Arenas de Tudela a los más rezagados. Hay que jugar el siguiente partido, que hemos venido para eso, aunque unas júnior reconocían sin ruborizarse que, con la Selectividad de por medio, no habían entrenado en la última semana.

Cerca, en la terraza se amodorraban un grupo de padres. Habían dejado a los niños con el entrenador, pobre bendito, y ellos se nutrían de energías para seguir con la larga jornada. A las nueve de la mañana amanecieron los primeros partidos y casi doce horas después concluían las últimas semifinales. Una catarata de más de 150 encuentros repartidos por las tres pistas de juego instaladas en las hectáreas compartidas por El Olivar y el CDM Mudéjar.

Una pista exterior, en la puerta del polideportivo donde juega el filial del Tecnyconta, es la base de maniobras de los minibásket. Benjamines y alevines. Van pasando por la cancha derrochando ganas. Apoyado en la sombra se coloca Reynaldo Benito, que anoche sufría como presidente en una semifinal de la Liga Endesa y hoy disfrutaba con su hija María, ‘mini’ de El Olivar.

Llega el mediodía y hay que ir a coger fuerzas. El comedor de El Olivar está repleto. Los infantiles del Oncineda navarro acaban de bajar. Están discutiendo qué hacer, cuál es el siguiente paso de la estrategia. Tomarse un helado, irse a echar una siesta al césped, pasar por la tienda de Basket World para comprar algún complemento… La piscina parece que gana puntos. Hulio, un jabalí que tienen como mascota, no tiene voto. Es un peluche, no hay peligro.

De fondo el pabellón tiene banda sonora. Aplausos, gritos y algo de megafonía. Una madre de Hondarribia aprieta un botón y de repente, de un artefacto, aparece unas voces grabadas que dan ánimos a sus chiquillos. La juega está en cualquier lado.

Los padres de Coslada han dejado ya sus butacas de terraza para subirse a la tribuna del polideportivo. Sus benjamines disputan la semifinal contra un cuadro mixto del Loyola. Una bandera de La Rioja cuelga del cemento. La pasión se contagia de abajo a arriba, del polideportivo a la piscina, del frontón al restaurante, de los hoteles a los autobuses. Son ganas de pasarlo bien sí o sí. Una fiesta. Olibasket.

Un padrazo llamado Reynaldo Benito

María roba la pelota y esprinta. Se esfuerza por llegar al otro aro. Es peleona. Dribla con acierto a una defensa que le saca una cabeza y ve el pase a la compañera para lograr una canasta. El banquillo salta animado.

Es mediodía y hace buen tiempo. Casi se agradece jugar en exterior. Un grupo de padres y madres se resguarda en la zona de sombra, apoyados en la pared metálica del complejo de pádel de El Olivar. El padre de María gesticula poco. Ni se inmuta con la asistencia. Brazos en cruz, los desenrosca en alguna acción para aplaudir, pero de su boca no sale nada más que una felicitación cuando termina el partido del torneo Olibasket.

Hoy es más fácil contener los nervios y la postura que hace unas horas. En esa otra cancha no daba el sol. Y ese padre no sólo era padre, era presidente. María se apellida Benito y es hija de Reynaldo, el presidente del Tecnyconta. La mañana siguiente de ver a su equipo perder con rotundidad en la apertura de todas unas semifinales de la Liga Endesa, se quita el traje para ponerse en el papel de papá, quizá con menos adrenalina gastada, pero también con lo suyo. “Es totalmente distintas, lo único que nos une es el baloncesto. Una es profesional y la otra es amor de padre y formación”, afirma el mandatario del equipo aragonés.

Reynaldo bromea con su hija. Quiere que pase para las cámaras. Pero María es lista y aquí también sabe hacer un buen dribling. Lleva un año en El Olivar, jugando en categoría alevín. Siguiendo los pasos de su progenitor, que antes de sentarse en los despachos llegó a debutar en la primera plantilla del CB Zaragoza tras cumplir las etapas en la cantera. Ahora vive esa misma experiencia desde un palco como el del Palau Blaugrana o el Príncipe Felipe, pero también de la banda de cualquier colegio o club de baloncesto de su Zaragoza, intentando disfrutar al máximo viendo a María jugar, crecer y pasándoselo fenomenal. “Se sufre cada uno a su manera. Todo es distinto. Es divertido ver a los niños con tanta ilusión y a los padres formando un ambiente tan bonito. Hay que darle la enhorabuena a la organización y que sigue haciendo año tras año. Porque para llegar donde el Tecnyconta llego ayer hay que pasar antes por todo esto, porque además luego es muy difícil llegar”.

El vínculo entre el Tecnyconta y El Olivar viene de lejos. El filial rojillo, por ese que han pasado los Javi Marín, Marcos Portalez, Sergi García, Álvaro Sanz, Carlos Alocén, Jaime Fernández o Jaime Pradilla, visten los mismos colores que ahora lucen orgullosa María Benito. “Tanto con el equipo EBA como con el club en general, organizando nuestro campus, la escuela… Es una relación de gran cercanía. Lo bueno para el Olivar es bueno para el Tecnyconta y al revés también. En ese sentido, es una vinculación de muchos años en la que seguiremos trabajando”, asiente Reynaldo.

El mundo profesional en el que está habituado a moverse Reynaldo Benito poco tiene que ver con este de la formación. Pasar de uno a otro está reservado a unos privilegiados, pero todos deben disfrutar de un viaje donde les irán acompañando los mejores recuerdos, los mejores amigos y los mejores valores educativos. Esa maleta, imprescindible también para esos que aspiran a jugar finales, a levantar títulos, a la fama, es la que quiere como buen padrazo que rellene su hija partido a partido. “Que se divierta, yo no le digo nada más, simplemente eso, que se divierta y que aprenda de las cosas. Los otros dos hijos que tengo se han dedicado al fútbol, son porteros, que quizá es lo más cercano al baloncesto que hay, pero siempre les he dicho lo mismo, que se diviertan, que es muy complicado llegar, pero que alcancen la meta que puedan completar, que sea competitivo, pero por encima buenos compañeros”, finaliza Reynaldo Benito que, mañana domingo, volverá por la mañana a ver a su hija en El Olivar y por la tarde cogerá un AVE para sentarse en el palco del Palau.

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